Errores en decoración y cómo evitarlos

Descubre los errores comunes en decoración y aprende cómo evitarlos para crear espacios armoniosos y funcionales.

Redacción
8 de abril de 2025
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Índice

Introducción a los errores en decoración

La decoración de interiores es un arte que combina funcionalidad, estética y personalidad. Sin embargo, incluso con las mejores intenciones, muchos cometen errores que pueden comprometer la armonía de un espacio. Estos desaciertos no solo afectan la apariencia visual de nuestros hogares, sino también la forma en que interactuamos y nos sentimos dentro de ellos.

Cuando hablamos de errores en decoración, nos referimos a decisiones que disminuyen el potencial de un espacio, ya sea por desconocimiento de principios básicos del diseño o por seguir tendencias sin considerar si realmente funcionan en nuestro contexto particular. Estos desaciertos pueden transformar lo que debería ser un refugio acogedor en un ambiente incómodo, poco funcional o visualmente caótico.

Los errores decorativos suelen manifestarse en diversos aspectos: desde una paleta de colores mal concebida hasta proporciones inadecuadas de mobiliario, pasando por una iluminación deficiente o una sobrecarga de elementos decorativos. El impacto de estos fallos puede ser sutil pero significativo, generando sensaciones de incomodidad o desarmonía que quizás no podamos identificar inmediatamente, pero que experimentamos al habitar estos espacios.

¿Por qué es importante identificar y corregir estos errores? Porque el entorno que nos rodea influye profundamente en nuestro bienestar psicológico. Un espacio bien diseñado no solo resulta estéticamente agradable sino que puede mejorar nuestro estado de ánimo, reducir el estrés y aumentar nuestra productividad. La buena noticia es que la mayoría de estos errores tienen solución, y conocerlos nos permite evitarlos desde el principio o corregirlos para transformar nuestros espacios.

En este artículo, exploraremos los errores más comunes en decoración y, lo que es más importante, aprenderemos cómo evitarlos o solucionarlos. Desde la falta de planificación hasta el abuso de colores, desde problemas de proporción hasta iluminación inadecuada, abordaremos cada aspecto con consejos prácticos que podrás implementar en tu propio hogar.

Error común: no planificar con antelación

Uno de los errores en interiorismo más frecuentes y costosos es lanzarse a decorar sin un plan claro. Muchas personas comienzan comprando piezas que les gustan individualmente, sin considerar cómo encajarán en el conjunto del espacio. Este enfoque impulsivo suele conducir a ambientes inconexos, donde los elementos no dialogan entre sí y el resultado final carece de coherencia.

La ausencia de planificación puede manifestarse de diversas formas: muebles que no caben correctamente en el espacio, combinaciones de colores que resultan abrumadoras, o distribuciones que obstaculizan el flujo natural de movimiento. También suele traducirse en gastos innecesarios cuando las piezas adquiridas no funcionan como esperábamos y terminan siendo reemplazadas.

¿Has sentido alguna vez que a tu espacio “le falta algo” pero no sabes exactamente qué? Este es un síntoma clásico de falta de planificación. Cuando decoramos sin una visión integral, es común que el resultado parezca incompleto o desequilibrado, aunque no podamos identificar exactamente el problema.

Otro indicador de este error es la acumulación gradual de elementos decorativos sin un hilo conductor claro. Con el tiempo, el espacio puede convertirse en un muestrario de estilos diferentes que, aunque individualmente agradables, no contribuyen a crear un ambiente cohesivo.

La clave está en la planificación

La planificación en diseño de interiores no tiene que ser un proceso complicado. Comienza definiendo claramente el propósito de cada espacio: ¿Es principalmente funcional, como una cocina? ¿Es un área de relajación, como un dormitorio? ¿O quizás un espacio multifuncional, como muchas salas de estar actuales? Entender la función principal te ayudará a tomar decisiones coherentes.

Una herramienta invaluable en este proceso es el moodboard o tablero de inspiración. Puedes crearlo físicamente cortando imágenes de revistas, o digitalmente utilizando plataformas como Pinterest o aplicaciones especializadas. Un buen moodboard incluye no solo imágenes de espacios que te inspiran, sino también muestras de colores, texturas y materiales que te gustaría incorporar.

La definición de una paleta de colores es otro paso fundamental. Elige 3-5 colores que trabajarán juntos en tu espacio, considerando tanto las tonalidades principales como los acentos. Esta paleta servirá como guía para seleccionar desde la pintura de las paredes hasta los accesorios decorativos.

También es crucial medir cuidadosamente tu espacio antes de adquirir cualquier mueble. Crea un plano básico con las dimensiones de la habitación y utiliza herramientas online de diseño para visualizar cómo encajarán diferentes piezas. Algunos programas incluso permiten crear representaciones en 3D, lo que te dará una idea muy clara del resultado final.

Considera el flujo de circulación al planificar la distribución del mobiliario. Debe haber suficiente espacio para moverse cómodamente por la habitación, con pasillos de al menos 70-90 cm. Visualiza cómo se utilizará el espacio en el día a día y planifica en consecuencia.

Una estrategia efectiva es crear un presupuesto detallado y un plan de adquisición por etapas. Prioriza las piezas fundamentales y ve completando gradualmente tu visión. Este enfoque te permitirá invertir en elementos de calidad para las piezas clave, como un buen sofá o una cama confortable, que formarán la base de tu decoración.

Error común: abuso de los colores

El color es uno de los elementos más poderosos en diseño de interiores, capaz de transformar radicalmente la percepción de un espacio. Sin embargo, su mal uso constituye uno de los errores en decoración más frecuentes. El abuso de colores puede manifestarse de dos maneras principales: utilizando demasiados tonos diferentes sin coherencia entre ellos, o empleando colores demasiado intensos en grandes superficies.

Cuando un espacio contiene muchos colores que compiten por la atención, el resultado suele ser visualmente caótico y puede generar sensaciones de inquietud o malestar. Nuestro cerebro procesa constantemente la información visual del entorno, y un exceso de estímulos cromáticos puede resultar agotador a nivel cognitivo, incluso si no somos conscientes de ello.

Por otro lado, los colores muy saturados o intensos, aunque atractivos en pequeñas dosis, pueden resultar abrumadores cuando se aplican en grandes áreas. Una pared completa en rojo brillante, por ejemplo, puede alterar nuestra percepción del espacio e incluso afectar nuestro estado de ánimo, haciendo que una habitación resulte agobiante en lugar de acogedora.

¿Has notado alguna vez que un espacio te parece visualmente “ruidoso” aunque no puedas identificar exactamente por qué? Probablemente estás experimentando las consecuencias de una paleta de colores en decoración mal concebida. El abuso cromático no solo afecta la estética sino también la funcionalidad percibida del espacio, pudiendo hacer que incluso habitaciones amplias parezcan pequeñas y desordenadas.

Establecer una paleta equilibrada

La clave para evitar el error del abuso cromático es desarrollar una paleta de colores equilibrada. Un enfoque efectivo es la regla 60-30-10: destina el 60% del espacio a un color dominante (generalmente neutro), el 30% a un color secundario y el 10% restante a colores de acento.

El color dominante suele aplicarse en las paredes y quizás en algunas piezas grandes de mobiliario. Tonos neutros como blanco, beige, gris o incluso azules y verdes suaves funcionan bien como base porque proporcionan tranquilidad visual y versatilidad. El color secundario puede aparecer en muebles principales, cortinas o áreas definidas como una pared de acento. Finalmente, los colores de acento más vibrantes se reservan para accesorios, cojines, obras de arte o pequeños objetos decorativos.

Considera la psicología del color al establecer tu paleta. Los tonos fríos (azules, verdes) tienden a crear sensaciones de calma y amplitud, mientras que los cálidos (rojos, naranjas, amarillos) aportan energía e intimidad. Los neutros proporcionan equilibrio y pueden usarse para moderar el impacto de colores más intensos.

La coherencia cromática es fundamental. Los colores elegidos deben tener algún elemento en común, ya sea por su temperatura (todos cálidos o todos fríos) o por su intensidad (todos pasteles o todos terciarios). Una técnica efectiva es seleccionar diferentes tonalidades de una misma familia de color, creando profundidad sin sacrificar armonía.

Si deseas incorporar colores vibrantes que te apasionan, utilízalos estratégicamente en elementos que puedan cambiarse fácilmente. Un cojín naranja intenso o un jarrón en azul eléctrico pueden aportar personalidad sin comprometer el equilibrio general, y pueden reemplazarse si deseas renovar el aspecto del espacio.

Recuerda también considerar la iluminación al elegir tu paleta. Los colores se perciben de manera diferente según la luz natural o artificial disponible. Un tono que parece perfecto en una tienda bien iluminada puede verse completamente distinto en tu hogar. Siempre prueba muestras de color en el espacio real antes de tomar una decisión definitiva.

Error común: ignorar la proporción y escala

Uno de los errores en decoración que puede pasar desapercibido hasta que ya es demasiado tarde es ignorar los principios de proporción y escala. Este desacierto ocurre cuando los elementos de un espacio no guardan una relación armoniosa entre sí o con las dimensiones de la habitación. El resultado es un ambiente que, aunque pueda contener piezas hermosas individualmente, resulta desequilibrado e incómodo en su conjunto.

Los problemas de proporción suelen manifestarse en situaciones como un sofá demasiado grande que domina una sala pequeña, una lámpara diminuta sobre una mesa de comedor amplia, o cuadros demasiado pequeños colgados en una pared extensa. Estos desequilibrios hacen que el espacio se sienta extrañamente incómodo, aunque el observador casual pueda no identificar inmediatamente la causa.

¿Por qué es tan importante la proporción en muebles? Porque afecta directamente tanto a la funcionalidad como a la percepción visual del espacio. Un mueble desproporcionado no solo puede obstaculizar la circulación, sino que también puede hacer que una habitación parezca más pequeña o desequilibrada de lo que realmente es.

La escala en decoración se refiere a cómo se relacionan los objetos entre sí y con el espacio circundante. Un error común es llenar una habitación pequeña con muebles masivos pensando que se obtendrá más funcionalidad, cuando en realidad lo que se consigue es un espacio congestionado y difícil de navegar.

Elegir muebles en proporción al espacio

Para evitar errores de proporción y escala, comienza midiendo minuciosamente tu espacio. Conoce exactamente las dimensiones de la habitación, la altura de los techos, la ubicación de puertas y ventanas, y cualquier característica arquitectónica que deba tenerse en cuenta. Estas medidas serán tu guía fundamental para todas las decisiones posteriores.

Al seleccionar muebles, verifica siempre sus dimensiones y visualiza cómo ocuparán el espacio. Una técnica útil es marcar el contorno del mueble en el suelo usando cinta adhesiva o papel, lo que te dará una idea clara de su presencia en la habitación. Recuerda dejar suficiente espacio para circular: al menos 70-90 cm para pasillos principales y 45-50 cm entre muebles que usas para sentarte y mesas.

La altura del mobiliario es tan importante como su anchura y profundidad. En un espacio con techos bajos, opta por muebles de perfil bajo para crear sensación de amplitud. Por el contrario, en habitaciones con techos altos, puedes incorporar algunas piezas más elevadas o estanterías que se extiendan hacia arriba para aprovechar la verticalidad.

Para espacios pequeños, considera muebles multifuncionales o modelos más esbeltos. Un sofá con líneas limpias y patas visibles creará menos peso visual que uno voluminoso que llegue hasta el suelo. Igualmente, una mesa de comedor extensible puede adaptarse a diferentes necesidades sin ocupar permanentemente un espacio excesivo.

La disposición también influye en la percepción de proporción. Evita colocar todos los muebles grandes en un solo lado de la habitación, lo que crearía un desequilibrio visual. Busca distribuir el “peso” de manera homogénea por el espacio, considerando tanto los volúmenes físicos como el impacto visual de cada elemento.

En cuanto a elementos decorativos como cuadros, espejos o alfombras, aplica la regla de los dos tercios: una alfombra debería cubrir aproximadamente dos tercios del área de estar, un cuadro sobre un sofá debería tener al menos dos tercios de su anchura, y así sucesivamente. Esta proporción crea naturalmente una relación armoniosa entre los elementos.

Recuerda que los espacios vacíos (o “espacio negativo”) son tan importantes como los elementos que introduces. No sientas la obligación de llenar cada rincón; permitir que algunas áreas respiren contribuye a un equilibrio visual saludable y evita la sensación de aglomeración.

Error común: mala iluminación

La iluminación es posiblemente uno de los aspectos más subestimados en la decoración de interiores, y paradójicamente, uno de los que mayor impacto tiene en cómo experimentamos un espacio. Un error frecuente es conformarse con la iluminación básica preexistente, generalmente limitada a un punto de luz central en el techo, sin considerar cómo esta decisión afecta tanto la funcionalidad como la atmósfera de la habitación.

Una iluminación interior inadecuada puede manifestarse de diversas formas: espacios con zonas excesivamente iluminadas junto a rincones en penumbra, habitaciones con luz demasiado fría y clínica que crea un ambiente poco acogedor, o áreas funcionales como cocinas o zonas de lectura con iluminación insuficiente para las tareas que allí se realizan.

¿Has notado cómo algunos espacios te hacen sentir instantáneamente a gusto mientras otros generan cierta incomodidad sin que puedas identificar exactamente por qué? La iluminación juega un papel crucial en estas sensaciones. Una luz demasiado intensa y directa puede resultar agresiva, mientras que una iluminación demasiado tenue puede generar fatiga visual y hacer que el espacio parezca triste o descuidado.

Además del impacto emocional, la mala iluminación tiene consecuencias prácticas: puede hacer que los colores se perciban de manera diferente a como realmente son, dificultar actividades cotidianas, e incluso contribuir a problemas de salud como fatiga ocular o alteraciones del ritmo circadiano si se utilizan luces inadecuadas en espacios donde pasamos mucho tiempo.

Iluminación adecuada para cada ambiente

La clave para superar este error es adoptar un enfoque estratificado de la iluminación, considerando los tipos de iluminación necesarios para cada espacio según su función. Un esquema completo debe incluir tres capas fundamentales: iluminación ambiental, iluminación de tareas e iluminación de acento.

La iluminación ambiental proporciona la luz general que permite moverse con seguridad por el espacio. Puede provenir de plafones de techo, lámparas colgantes o incluso luces indirectas que rebotan en paredes o techos. Esta capa debe ser suficiente para iluminar el espacio de manera uniforme, pero no necesariamente intensa.

La iluminación de tareas es más focalizada y se concentra en áreas donde se realizan actividades específicas: una lámpara de escritorio para trabajar, luces bajo muebles en la cocina para preparar alimentos, o un aplique direccional para leer en la cama. Este tipo de iluminación debe ser más brillante que la ambiental y posicionarse de manera que evite sombras y reflejos.

La iluminación de acento tiene una función principalmente estética y se utiliza para destacar elementos arquitectónicos, obras de arte u objetos decorativos. Puede consistir en focos direccionales, tiras LED o pequeñas lámparas puntuales que crean interés visual y añaden profundidad al espacio.

La temperatura de color es otro factor crucial. Las luces con tonalidades más cálidas (2700-3000K) generan ambientes acogedores ideales para zonas de relax como dormitorios y salas de estar. Las tonalidades neutras (3500-4000K) funcionan bien en cocinas y áreas de trabajo, mientras que las más frías (5000K+) deberían limitarse a espacios como garajes o zonas de almacenamiento.

Incorpora reguladores de intensidad (dimmers) siempre que sea posible. Esta simple adición permite adaptar la iluminación según diferentes momentos del día y actividades, aumentando enormemente la versatilidad del espacio. Un salón puede tener una iluminación más brillante durante una reunión social y luego atenuarse para crear un ambiente más íntimo.

Considera también la dirección de la luz y cómo interactúa con las superficies. Una iluminación indirecta que rebota en paredes o techos crea ambientes más suaves y acogedores que focos directos apuntando hacia abajo. Jugar con estas posibilidades permite crear diferentes atmósferas dentro de un mismo espacio.

No subestimes el poder decorativo de las luminarias. Una lámpara bien elegida funciona como elemento escultórico incluso cuando está apagada. Selecciona piezas que complementen el estilo general de tu decoración pero que también puedan destacar como elementos de interés por derecho propio.

Finalmente, aprovecha al máximo la luz natural disponible. Ubica espejos estratégicamente para reflejar la luz de ventanas, utiliza cortinas ligeras que filtren sin bloquear completamente la luz, y mantén las ventanas limpias para maximizar la entrada de iluminación natural, que además de ahorrar energía, contribuye positivamente a nuestro bienestar psicológico.

Error común: sobrecarga decorativa

En el afán por personalizar nuestros espacios y mostrar objetos que nos gustan o tienen significado para nosotros, es fácil caer en uno de los errores en decoración más frecuentes: la sobrecarga decorativa. Este error ocurre cuando acumulamos demasiados elementos en un espacio, creando un ambiente visualmente saturado que pierde armonía y claridad.

La sobrecarga decorativa se manifiesta en habitaciones llenas de objetos sin un propósito claro, superficies abarrotadas de adornos, paredes cubiertas de cuadros dispuestos sin criterio aparente, o la combinación de múltiples estampados y texturas que compiten entre sí. El resultado es un espacio que, lejos de reflejar personalidad, transmite desorden y genera una sensación de agobio.

Este error tiene consecuencias que van más allá de lo estético. Un entorno visualmente sobrecargado puede provocar estrés y dificultad para concentrarse, ya que nuestro cerebro debe procesar constantemente un exceso de estímulos visuales. Además, desde un punto de vista práctico, los espacios sobrecargados son más difíciles de mantener limpios y ordenados, lo que puede convertirse en una fuente adicional de frustración.

¿Cómo identificar si has caído en la trampa de la sobrecarga? Pregúntate: ¿Puedes identificar claramente el punto focal de cada habitación? ¿Cada objeto decorativo tiene un propósito o valor significativo? ¿El espacio te transmite calma o te resulta visualmente agotador? Si te cuesta responder positivamente a estas preguntas, es posible que estés experimentando los efectos de este error común.

Menos es más en decoración

El principio de “menos es más”, acuñado por el arquitecto Ludwig Mies van der Rohe, sigue siendo una de las guías más valiosas para evitar la sobrecarga decorativa. Esto no significa abrazar necesariamente una decoración minimalista extrema, sino desarrollar un enfoque más consciente y selectivo sobre los elementos que incorporamos a nuestros espacios.

Comienza por evaluar honestamente cada elemento decorativo. Pregúntate si realmente aporta valor estético o sentimental significativo. Los objetos que pasan esta prueba merecen un lugar en tu hogar; aquellos que no, pueden ser donados, almacenados o simplemente descartados. Este proceso de curación constante es esencial para mantener espacios equilibrados.

Establece puntos focales claros en cada habitación. Puede ser una chimenea en el salón, un cabecero impactante en el dormitorio o una isla central en la cocina. Estos elementos sirven como anclaje visual y permiten que el resto de la decoración se organice de manera coherente a su alrededor. Limitar los puntos de atención evita la competencia visual que caracteriza a los espacios sobrecargados.

Adopta el concepto de “agrupar” para organizar objetos pequeños. En lugar de distribuir muchos elementos decorativos por toda la habitación, créalos en colecciones cohesivas. Por ejemplo, agrupa marcos de fotos en una pared específica o dispón objetos decorativos en una bandeja sobre una consola. Esto crea impacto visual con orden y propósito.

Practica el principio de rotación con tus accesorios decorativos. No es necesario exhibir simultáneamente todos los objetos que aprecias. Guarda algunos y ve rotándolos según la temporada o simplemente cuando sientas necesidad de renovación. Esto mantiene tus espacios frescos e interesantes sin añadir volumen.

Considera cuidadosamente las superficies horizontales. Mesas, consolas y estanterías no necesitan estar completamente cubiertas de objetos. El espacio vacío entre elementos es tan importante como los elementos mismos, pues permite que cada pieza “respire” y se aprecie adecuadamente. Como regla general, deja al menos un tercio de cada superficie libre.

En cuanto a obras de arte y elementos de pared, evita la tentación de llenar cada centímetro disponible. Una pieza grande y significativa puede tener mucho más impacto que múltiples elementos pequeños. Si tienes varias obras que deseas mostrar, considera crear una pared galería cuidadosamente planificada, manteniendo el resto de paredes más despejadas para equilibrar.

Finalmente, sé estratégico con patrones y texturas. Si utilizas estampados llamativos en elementos grandes como sofás o cortinas, equilibra con tonos sólidos en el resto del espacio. Igualmente, si incorporas múltiples texturas (como maderas, metales, tejidos), mantenlas dentro de una paleta de colores cohesiva para evitar el caos visual.

Recuerda que el objetivo no es crear espacios impersonales o estériles, sino ambientes donde cada elemento tiene un propósito y contribuye armónicamente al conjunto. Los mejores interiores suelen ser aquellos donde se percibe una intención clara detrás de cada decisión decorativa, donde nada sobra y todo tiene su razón de ser.

Un espacio bien curado no solo resulta estéticamente más agradable sino también más funcional y fácil de mantener, contribuyendo positivamente a nuestra calidad de vida cotidiana. Como sugiere la filosofía menos es más, la verdadera sofisticación reside en la capacidad de discernir lo esencial de lo superfluo.

La decoración de interiores exitosa no consiste en acumular objetos bonitos, sino en crear ambientes que reflejen auténticamente quiénes somos y cómo queremos vivir, priorizando calidad sobre cantidad y significado sobre mera acumulación.

Los errores en decoración que hemos analizado son comunes precisamente porque reflejan tendencias naturales: queremos llenar nuestros espacios con cosas que nos gustan, a veces actuamos impulsivamente sin planificar, y no siempre consideramos cómo las decisiones individuales afectan al conjunto.

Ser consciente de estos errores nos permite tomar decisiones más informadas, creando hogares que no solo se ven bien sino que también funcionan armoniosamente con nuestro estilo de vida. Recuerda que la mejor decoración es aquella que evoluciona orgánicamente con el tiempo, reflejando experiencias y crecimiento personal, mientras mantiene un equilibrio entre estética, funcionalidad y significado emocional.

¿Estás listo para revisar tu hogar con una mirada crítica y corregir algunos de estos errores? Comienza por un espacio a la vez, aplicando los principios que hemos discutido, y pronto notarás una transformación positiva no solo en la apariencia de tu hogar sino también en cómo te sientes dentro de él.

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